viernes, 5 de junio de 2009

LOS HUNOS


Huno, pueblo nómada asiático, probablemente de origen turco, tártaro o ugrio (ugro), que partió de las estepas situadas al norte del mar Caspio para realizar repetidas incursiones en el Imperio romano durante los siglos IV y V d.C. Estos ataques culminaron en una serie de guerras en la época de Atila, el más renombrado de sus líderes, que llevaron a ambas partes del Imperio romano, Oriental y Occidental, al borde de la destrucción. En su momento de máximo esplendor, los hunos absorbieron diferentes tendencias raciales en sus ejércitos y asimilaron las características de las poblaciones de su entorno, de modo que en Europa perdieron poco a poco su marcado carácter asiático; pero incluso antes de su llegada a Europa sus características físicas variaban mucho, y no era fácil determinar su identidad étnica o lingüística. Sin embargo, todos los relatos coinciden en describirlos como un pueblo nómada agresivo, con escasos logros culturales, que había logrado desarrollar una gran destreza en las técnicas de combate, sobre todo en el campo de la equitación militar.


Antes de que diera comienzo su historia europea conocida, existía en China occidental una tribu, posiblemente relacionada con los hunos, conocida con el nombre de xiongnu, a finales del siglo III a.C., en los primeros años de la dinastía Han. En el siglo II d.C., el poder de esta tribu en Oriente se debilitó y finalmente se dividió en dos campamentos, uno de los cuales se dirigió al sur con unas 50.000 familias, mientras que casi todos los demás, tras intentar durante algún tiempo sobrevivir en las estepas del Caspio, se fueron al oeste y al noroeste en busca de nuevas tierras. Un gran número de los que se dirigieron al noroeste, se estableció durante algún tiempo a orillas del río Volga. En la segunda mitad del siglo IV d.C., a las órdenes de un líder llamado Balamir, o Balamber, avanzaron hacia los territorios de los alanos, un poderoso pueblo asentado entre los ríos Volga y Don, a quienes derrotaron en una batalla a orillas del Don.


Su siguiente conquista fue el territorio de los ostrogodos, a los que persiguieron en su retirada hasta el río Danubio. De paso amenazaron a los visigodos, que buscaron la protección del Imperio romano. Pocos años después, cuando los godos se rebelaron contra la autoridad romana, los hunos cruzaron el Danubio para unirse a ellos. En las primeras batallas que se produjeron, los hunos no tuvieron un papel destacado, pero a principios del siguiente siglo se les unieron nuevas hordas, y antes del 432, durante el reinado del emperador romano de Oriente Teodosio II, su poder había aumentado tanto que el rey huno Roas, o Rugilas, cobraba un importante tributo anual a Roma.


A Roas le sucedieron sus sobrinos Atila y Bleda. Tras la muerte de Bleda, Atila amplió los dominios hunos en Occidente hasta la Galia, donde fue derrotado en el 451, e Italia. Sin embargo, tras la muerte de Atila en el año 453, el poder de los hunos decayó, y no volvieron a tener un lugar destacado en la historia europea. Muchos hunos se alistaron en los ejércitos romanos, mientras que otros se unieron a nuevas hordas de invasores del norte y del este, a quienes ayudaron en sus continuos ataques contra el Imperio.


En lo que respecta a las incursiones asiáticas de los hunos, llegaron incluso hasta la India, donde tras ser repelidos en un principio (finales del siglo V) por la dinastía Gupta, acabaron por provocar su desaparición como el principal poder en la zona.

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