viernes, 5 de junio de 2009

ISLAM


Islam, religión monoteísta surgida en el siglo VII en la península Arábiga a partir de las enseñanzas de Mahoma, llamado el Profeta. En su acepción literal, la palabra árabe islam significa 'entregarse', pero el Corán establece su sentido religioso, ‘sumisión’ a la voluntad o a la ley de Dios. La persona que profesa y practica el islam es un musulmán (en árabe muslim, 'el que se somete a Dios'). Según el Corán, el islam es la religión universal y primordial. Incluso la propia naturaleza es musulmana ya que obedece las leyes que Dios ha establecido en ella. Para los seres humanos, que tienen libre albedrío, la práctica del islam no implica obediencia sino la libre aceptación de los mandatos divinos.


El musulmán es un seguidor de la revelación divina (recogida en el Corán) formulada por el profeta Mahoma, lo que le convierte en miembro de la comunidad islámica (umma). Para algunos autores basta dar testimonio y pronunciar la shahada (profesión de fe) que se expresa al afirmar “No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta”. La fórmula es exclusiva. Ya que el propio Corán cita a los seguidores de Mahoma como “musulmanes” (Él os ha llamado musulmanes, Corán 22,78), estos se sienten ofendidos cuando son denominados “mahometanos”, en tanto que este término implicaría un culto personal que el islam prohíbe.
La población musulmana mundial se estima próxima a los mil millones de personas. El islam ha florecido en muy diversas regiones geográficas, culturales y étnicas. Los principales grupos étnicos que componen la comunidad musulmana engloban a los árabes (la mayor parte del norte de África y Oriente Próximo), pueblos turcos y otomanos (Turquía, regiones de la antigua Unión Soviética y Asia Central), iraníes, afganos, indo-musulmanes (Pakistán, India y Bangladesh), comunidades del Sureste asiático (Malaysia, Indonesia y Filipinas) y un pequeño porcentaje de chinos. En Europa, el islam es la segunda religión más profesada después del cristianismo.

DOCTRINA ISLÁMICA
Las dos fuentes fundamentales de la doctrina y la práctica islámicas son el Corán y la Sunna o tradición, así como la conducta ejemplar del profeta Mahoma.


El Corán
Los musulmanes consideran el Corán como la palabra eterna e “increada” de Dios revelada a Mahoma por medio de Gabriel, el arcángel de la revelación. Creen que su autor es el mismo Dios, y no el Profeta, por lo que el Corán es inimitable e infalible. La palabra procede del árabe al-qur'ān, 'la lectura' o 'la recitación'. Recoge las diferentes revelaciones de Alá a Mahoma durante los casi 20 años de su vida profética (612-632). Está dividido en 114 suras (capítulos) divididas en poco más de 6.200 aleyas (versículos). La sura más breve contiene sólo 3 versículos y la más amplia 286 versículos largos. Las 114 suras aparecen ordenadas en orden decreciente, con alguna ligera oscilación. Tanto investigadores islámicos como no islámicos coinciden en la integridad que sustancialmente ha mantenido el texto del Corán a lo largo de la historia.


La Sunna y el Hadit
La segunda fuente esencial del islam, la Sunna o ejemplo del Profeta, es conocida a través del Hadit, la recopilación de tradiciones basadas en los hechos y dichos del Profeta. A diferencia del Corán, que fue memorizado por muchos seguidores de Mahoma y que fue compilado en forma escrita muy pronto, la transmisión del Hadit fue en gran parte oral y las actuales colecciones autorizadas datan del siglo IX.


A diferencia del Corán, el Hadit no es considerado infalible. En el periodo islámico primitivo la infalibilidad del Profeta (aparte de las revelaciones del Corán) constituyó un punto de controversia. Pero más tarde el consenso de la comunidad islámica fue que tanto él como los profetas anteriores fueron infalibles. Debido a que el Hadit fue transmitido de forma oral, se admitió que la intervención humana pudo introducir errores durante dicho proceso, por lo que es una fuente secundaria respecto al Corán. Según algunas investigaciones no musulmanes, una gran parte del Hadit no procede en sí del ejemplo del Profeta, sino que recoge las opiniones de las primeras generaciones de musulmanes, opiniones que fueron después atribuidas a Mahoma. En determinados casos se habrían conservado sus declaraciones genuinas, aunque después se añadieran opiniones teológicas o legales expuestas por musulmanes.


Dios
El monoteísmo es una cuestión central para el islam, que admite la existencia de un solo Dios (llamado Alá), único y omnipotente. Rechaza el politeísmo, así como la extensión de la divinidad de Alá a alguna persona. Dios creó el hombre y la naturaleza a través de un primordial acto de misericordia, de lo contrario existiría la nada. Además, dotó a cada elemento de su creación de su propia naturaleza y de leyes que gobiernan su conducta . El resultado es un conjunto armónico y ordenado, un cosmos en el que cada cosa tiene su propio lugar y sus limitaciones, por lo que en la naturaleza no aparecen desequilibrios, trastornos o rupturas. Dios preside y gobierna el Universo, que con su ordenado funcionamiento es el signo y la prueba principal de la existencia de Dios y de su unidad. En el pasado pudo haber alteraciones del orden natural, en forma de milagros, pero aunque el Corán acepta los milagros de los profetas anteriores (Noé, Abraham, Moisés, Jesucristo y otros), los declara caducos; el milagro de Mahoma es el Corán, prodigio que ningún humano puede realizar o repetir.


Según el islam, Dios cumple cuatro funciones fundamentales respecto al Universo y a la humanidad en particular: creación, sustento, dirección y juicio. Dios, que creó el Universo por su absoluta misericordia, está obligado también a mantenerlo; toda la naturaleza ha sido subordinada a la humanidad, que puede explotarla y beneficiarse de ella. Sin embargo, el último objetivo de la humanidad consiste en existir al “servicio de Dios”, es decir, para adorarle sólo a Él y construir un orden social ético, justo y libre de corrupciones.


Ética
El Corán declara que “reformar la Tierra” es el ideal que debe guiar todo esfuerzo humano. La crítica básica que se hace de la humanidad en el Corán es que es demasiado orgullosa y demasiado insignificante, de miras estrechas y egoísta: “El hombre es por naturaleza timorato”, dice el Corán. “Cuando le acontece una desgracia sufre pánico, pero cuando experimenta sucesos afortunados no los comparte con los demás”. Este egoísmo motiva que los individuos estén tan sumergidos en la naturaleza terrenal que pierdan la visión de su Creador y que sólo cuando la naturaleza les falla, ellos, en su total frustración, vuelven a Dios. A consecuencia de su imperfección, las personas temen que la caridad y el sacrificio por los demás redunden en su propio empobrecimiento. Esto es, sin embargo, obra de Satán, ya que Dios promete prosperidad a cambio de practicar la generosidad con los pobres. El Corán insiste, por lo tanto, en que los individuos trasciendan sus defectos y se superen. Al hacerlo desarrollarán su carácter moral interior, que el Corán llama taqiyya (que suele traducirse como 'temor de Dios', pero que significa en realidad 'precaución, defensa ante el peligro'). Gracias a este don, los seres humanos pueden discernir el bien del mal y, sobre todo, evaluar sus propias acciones con objetividad, evitando engañarse, peligro al que siempre están expuestos. El valor real de las obras de una persona sólo se puede juzgar a través de su taqiyya, y la intención de los individuos debería ser el beneficio último de la humanidad, no los placeres inmediatos ni las ambiciones personales.


Profetas
Dios ha enviado profetas a la Tierra a causa de la debilidad moral de la humanidad, para enseñar tanto a los individuos como a los estados el correcto comportamiento moral y espiritual. Tras la creación y los medios de subsistencia, la misericordia de Dios se manifiesta en estos actos de orientación. Aunque el bien y el mal estén impresos en el corazón humano, la incapacidad o el rechazo de muchas personas a descifrar ese registro hace necesaria la dirección profética. Esta guía es universal: nadie en la Tierra ha sido despojado de ella. Adán fue el primer profeta; tras su expulsión del Jardín del Edén, su falta recibió el perdón de Dios (por esta razón el islam no acepta la doctrina del pecado original). Los mensajes de todos los profetas emanan de una misma fuente divina, las tablas de la revelación, la palabra de Dios desde el principio de los tiempos. También se le conoce como el Libro Celeste, trasmitido al profeta Mahoma por la intervención del arcángel Gabriel. Las religiones, por lo tanto, son en síntesis una, aunque adquieran diferentes formas institucionalizadas. Los profetas constituyen una unidad indivisible y se debe creer en todos ellos, ya que aceptar a unos y rechazar a otros equivale a negar la verdad divina. Todos los profetas son humanos; no participan de la divinidad, pero son los modelos más altos y valiosos para la humanidad. Sin embargo, algunos profetas se consideran superiores a otros, sobre todo por su constancia ante el sufrimiento. De esta forma, el Corán describe a Mahoma como el “primero de los humanos” (39,12), “enviado” de Alá (4,62) o “sello de los profetas” (33,40). Acatar sus enseñanzas es obedecer al propio Dios. Es, además, una inmensa manifestación de la misericordia divina respecto a los hombres, pues se considera el último mensajero de su voluntad. El versículo del Corán donde se interroga a los profetas humanos (93,7): “¿Acaso no te encontró extraviado y te guió?” exalta la primacía de Mahoma como profeta máximo del islam, aún cuando ha desencadenado diversos conflictos teológicos, sobre todo entre los chiitas, quienes parafrasean esta aleya como: “Un extraviado te ha encontrado y te ha guiado” (los suníes leen, en cambio: “No te encontró extraviado en un viaje y te guió”). De aquí procede la creencia islámica de que los profetas se extinguieron y acabaron con el Corán. El islam es la última y más perfecta revelación de Dios, y se impone a todas las anteriores.


El Juicio Final
Las acciones divinas de creación y dirección concluyen con el acto del Juicio Final. En este día en que la humanidad será reunida y todos los individuos serán juzgados tan sólo por sus hechos. Los “elegidos” irán al Jardín (el paraíso) y los “perdedores” irán al infierno, aunque Dios es misericordioso y perdonará a los que sean merecedores de ello. Además del Juicio Final, que afecta a los individuos, el Corán reconoce otra clase de juicio divino, que afecta a la historia de naciones, pueblos y comunidades. Las naciones, como los individuos, pueden estar corrompidas por la riqueza, el poder y el orgullo, y si no se reforman serán castigadas con la destrucción o sojuzgadas por pueblos más virtuosos. (Corán 39,67-75 y 22, 1-24.)


PRÁCTICAS E INSTITUCIONES: LOS CINCO PILARES
La comunidad islámica considera fundamental la práctica de cinco deberes, conocidos como los cinco pilares del islam.


Profesión de fe
De acuerdo con el absoluto compromiso del islam con el monoteísmo, la primera obligación es la profesión de fe o testimonio (shahada): “No hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta”. Esta profesión, que debe ser hecha pública por cada musulmán al menos una vez en su vida “de forma verbal y con total asentimiento de corazón”, señala el ingreso de un individuo en la comunidad islámica.


Oración
La segunda obligación es la salat, que consiste en realizar cinco oraciones diarias. La primera oración tiene lugar antes de la salida del sol; la segunda, al mediodía; la tercera, entre las tres y las cinco de la tarde; la cuarta después de la puesta del sol y la quinta antes de acostarse y antes de la medianoche. Durante la oración, los musulmanes miran en dirección a la Kaaba, una pequeña estructura de forma cúbica situada en el haram o 'lugar inviolado' de la Gran Mezquita de La Meca. Para orar hay que permanecer al comienzo de pie, acto seguido hacer una genuflexión a la que suceden dos postraciones, y, por último, ha de tomarse asiento. En cada una de esta posiciones se recitan determinadas oraciones y fragmentos del Corán.


Como paso previo al inicio de la oración, el devoto tiene que hacer las abluciones pertinentes. Antes de cada oración comunitaria, el almuédano (del árabe al-mu'addin, 'el que llama a oración') o muezín hace una llamada pública desde un minarete (o alminar) de la mezquita. En tiempos recientes, la llamada se hace a través de sistemas de megafonía para que se pueda oír a distancia.


El viernes es el día santo para el islam. En dicho día, a primera hora de la tarde, se realizan en las mezquitas oraciones especiales de carácter comunitario. Son precedidas por un sermón desde el púlpito pronunciado por el imán, llamado también el jatib. En los dos días de fiesta religiosa anual, llamados ids (uno de ellos tan pronto concluye el mes de ayuno del Ramadán y el otro después de la peregrinación a La Meca), se celebran por la mañana oraciones especiales seguidas de sermones.


Limosna
La tercera obligación fundamental de un musulmán es pagar la denominada zakat o limosna (Corán 2, 263/64 a 275/74). Éste fue en un principio el impuesto exigido por Mahoma (y después por los estados musulmanes) a los miembros acomodados de la comunidad, sobre todo para ayudar a los pobres. También se utilizó para captar conversos al islam, así como para la redención de cautivos de guerra, para el auxilio de personas con grandes deudas, para la financiación del yihad (la guerra por la causa del islam o guerra santa), que según los comentaristas del Corán engloba el bienestar y la educación. Sólo cuando se ha entregado la zakat se considera legítima y purificada el resto de la propiedad y fortuna de un musulmán. En la mayoría de los estados musulmanes la zakat ya no es recaudada por el gobierno y se ha convertido en una limosna voluntaria, aunque su pago sigue siendo considerado como una obligación esencial de todos los musulmanes.


Ayuno
La cuarta obligación es el ayuno, o saum, durante el mes del Ramadán. Puesto que el calendario islámico es lunar, las festividades no son fijas. Incluso durante los cálidos veranos la mayoría de los musulmanes observa con rigor el ayuno. Durante el mes de ayuno las personas deben abstenerse de comer, beber, fumar y mantener relaciones sexuales desde el amanecer hasta la puesta del sol, y evitar todo pensamiento o acto pecaminosos. Quienes puedan permitírselo deben, además, dar de comer como mínimo a un pobre. Si una persona no puede cumplirlo por encontrarse enferma o de viaje, no es necesario que ayune en ese momento, aunque deberá hacerlo en días posteriores.


Peregrinación
La quinta obligación del musulmán es el hach, la peregrinación a la Kaaba, en La Meca. Todo musulmán adulto, capacitado físicamente y dotado de bienes suficientes debe realizar esta peregrinación por lo menos una vez en su vida. Celebrado durante los primeros 10 días del último mes del año lunar, el rito exige que los peregrinos se encuentren en un estado de absoluta pureza. Los elementos principales de este prolongado rito son dar siete vueltas a la Kaaba, correr por siete veces a paso ligero entre los dos túmulos próximos al santuario, separados entre sí unos 400 metros. Con ello se completa la denominada “peregrinación mayor”. La “peregrinación menor” incluye la visita a los lugares próximos de Mina y Arafat, y la realización de diversos ritos como la lapidación con siete piedrecillas de tres puntos que evocan las tres veces que Abraham fue tentado por el demonio.


El desarrollo del transporte aéreo en nuestros días ha permitido realizar la peregrinación a musulmanes de todas las regiones del planeta. En 1977 se registró ya una cifra de dos millones de peregrinos. A través de los siglos, la Kaaba ha desempeñado un importante papel como punto de reunión de investigadores islámicos que pueden intercambiar, discutir y difundir sus ideas. Durante las décadas de 1980 y 1990 la peregrinación ha servido también para promover la solidaridad política en el mundo musulmán.


Aparte de estas cinco instituciones básicas, el islam prohíbe el consumo de alcohol y de carne de cerdo. Además de la Kaaba, el principal santuario musulmán, los centros más importantes de la vida islámica son las mezquitas, donde se realizan oraciones a diario.


ISLAM Y SOCIEDAD
El concepto islámico de sociedad es teocrático en tanto que el objetivo de todos los musulmanes es el “gobierno de Dios en la Tierra”. Sin embargo, ello no implica necesariamente la existencia de un régimen político confesional, aunque a veces las autoridades religiosas hayan tenido y tengan una considerable influencia política en determinadas sociedades musulmanas. La idea de un modelo de sociedad islámica se basa en la creencia de que todas las esferas de la vida —espiritual, ritual, política y económica— constituyen una unidad indivisible que debe estar imbuida por completo de los valores islámicos. Este ideal inspira conceptos tales como Derecho islámico y Estado islámico, y explica el acentuado énfasis del islam en la vida y en las obligaciones sociales. Incluso los deberes religiosos fundamentales establecidos en los cinco pilares tienen nítidas implicaciones en la vida de la comunidad.


La comunidad de los fieles
La base de la sociedad islámica es la comunidad de los fieles, que queda consolidada por el cumplimiento de las prácticas religiosas. Su misión es “infundir el bien y prohibir el mal” y, de este modo, reformar la Tierra. Sin embargo, la comunidad debe ser moderada y evitar todos los extremos. Durante la edad media las autoridades religiosas islámicas reivindicaron un grado de infalibilidad para el conjunto de la sociedad, pero la dominación colonial europea sobre los países musulmanes limitó en ocasiones esta visión. En el siglo XX algunos teóricos islámicos han presentado diversas concepciones sobre la sociedad musulmana deseable y propuestas de reforma respecto a los modelos tradicionales.


Educación
El sistema educativo contribuyó a los grandes progresos culturales del islam. Las universidades se fundaron como instituciones de enseñanza religiosa donde se formaban los “ulemas” o eruditos religiosos, los “cadíes” o jueces, los “muftíes” o intérpretes de la Ley y otros altos representantes y dignatarios religiosos. Estos funcionarios constituyeron una importante clase política, en especial en Turquía y la India, países donde ejercieron gran influencia en la vida pública. Sin embargo, durante el siglo XX los ulemas han perdido gran parte de su antigua influencia en numerosos países islámicos, sobre todo debido a que muchos musulmanes optan por recibir una educación occidental y no aceptan un sistema de gobierno religioso en sentido estricto.


En el siglo IX el califa Abdullah al-Mamun fundó una academia en Bagdad para el estudio de materias seculares y para la traducción de los textos científicos y filosóficos griegos. En el siglo X, en El Cairo, los califas de la dinastía Fatimí establecieron también una institución dedicada a la enseñanza secular, la Universidad al-Azhar, que sigue siendo uno de los centros más importantes de enseñanza del mundo islámico. Es habitual que gobernantes y musulmanes acomodados destinen fondos a estas investigaciones. Los eruditos islámicos medievales hicieron importantes aportaciones a la filosofía, la medicina, la astronomía, las matemáticas y las ciencias naturales. De hecho, desde el siglo IX hasta el siglo XIII la comunidad islámica fue la civilización más fértil del mundo en el ámbito de la cultura. Es muy de destacar el papel que los musulmanes de Al-Andalus desempeñaron en la edad media como transmisores de la ciencia y cultura clásicas y como creadores de aportaciones importantes en todos los campos del saber humano. Al-Andalus fue en esos días el centro cultural más notable de todo el orbe civilizado y desde aquí irradió la cultura al resto de Europa.


Entre otras famosas universidades islámicas, la Nizamiya, fundada en Bagdad en 1067 por el estadista iraní Nizam al-Mulk, impartía Teología, Derecho y Tradición Islámica, y tuvo entre sus colaboradores al famoso filósofo Algazel; la Mustansiriyah, fundada en 1234 en Bagdad, impartía Derecho Religioso y otras materias.


Ley islámica
La ley islámica, o sharia, define los objetivos morales de la comunidad. En la sociedad islámica, el término Derecho tiene un significado más amplio que en el espacio occidental, pues engloba imperativos tanto morales como legales. Por la misma razón, no todo el Derecho islámico puede ser formulado como norma legal ni ser impuesto por los tribunales. En gran parte depende exclusivamente de la conciencia.

Las cuatro fuentes
La ley islámica está basada en cuatro fuentes o fundamentos del Derecho. Las dos primeras son las fuentes documentales, el Corán y la tradición representada por la Sunna y el Hadit. La tercera fuente es la llamada ijtihad ('opinión individual responsable') y se utiliza cuando un problema no está tratado en el Corán o en la Sunna; en este caso un jurista puede resolver el problema por medio de un razonamiento (qiyás) analógico. Estos razonamientos se utilizaron por primera vez cuando los teólogos y juristas islámicos en países conquistados tuvieron que hacer frente a la necesidad de integrar leyes y costumbres locales con el Corán y con la Sunna. Más tarde las autoridades islámicas consideraron que este pensamiento original era una amenaza para el Corán y la Sunna e impusieron normas estrictas limitando su uso. Pero a consecuencia de los profundos cambios operados en la comunidad musulmana mundial en las últimas décadas, se ha puesto un renovado énfasis en el pensamiento innovador de la ijtihad. La cuarta fuente es el consenso de la comunidad (ijma), que se logra descartando de forma gradual determinadas opiniones y aceptando otras. Ya que el islam no tiene una autoridad dogmática oficial, este es un proceso informal que por lo general requiere un largo periodo de tiempo.


Escuelas jurídicas
En el islam surgieron cinco escuelas jurídicas, cuatro suníes y una chiita. Las cuatro escuelas suníes aparecieron en los dos primeros siglos del islam: la shafí, la hanafí, la malikí y la hanbalí. Todas utilizan de forma sistemática el razonamiento para esclarecer cuestiones legales no resueltas por el Corán o la Sunna. Difieren ante todo por el énfasis que ponen en la autoridad textual o en el razonamiento analógico, pero cada escuela reconoce las conclusiones de las demás como legítimas y dentro del marco de la ortodoxia islámica. Cada escuela tiende a ser la hegemónica en determinadas regiones del mundo: la hanafí en el subcontinente indio, Asia Central, Turquía y en cierta medida en Egipto, Jordania, Irán e Irak; la malikí en el norte de África; la shafí en el Sureste asiático; y la hanbalí en Arabia Saudí. La escuela chiita (llamada jafarí) domina en Irán.


Yihad
El término yihad, habitualmente traducido como 'guerra santa', designa la lucha por el objetivo islámico de “reformar la Tierra” que puede englobar el uso de la violencia y la utilización de ejércitos si fuera necesario. En cualquier caso, se trata de un concepto mal asimilado fuera del mundo musulmán. La finalidad prescrita por el yihad no es la expansión territorial ni la conversión forzosa de los pueblos al islam, sino la toma del poder político para aplicar los principios islámicos a través de las instituciones públicas de la comunidad. El concepto de yihad fue sin embargo utilizado por algunos gobernantes musulmanes medievales para justificar guerras motivadas tan sólo por ambiciones políticas.


Según el Derecho islámico clásico, el mundo está dividido en tres grandes zonas: la Casa del Islam (donde los musulmanes tienen el dominio), la Casa de la Paz (donde mantienen tratados y acuerdos) y la Casa de la Guerra (el resto del mundo). Pero de una forma progresiva el yihad se ha ido interpretando más en términos defensivos que ofensivos. En el siglo XX este fue el concepto que inspiró a los musulmanes en su lucha contra el colonialismo occidental.


La familia
La comunidad islámica primitiva aspiraba a consolidar la familia a cambio de abandonar las antiguas fidelidades tribales, aunque no fue capaz de eliminarlas. El Corán insiste en la piedad filial y en el “amor y misericordia” que deben existir entre marido y mujer. Se declara iguales a hombres y mujeres, “excepto que los hombres están en una categoría superior” porque corren con los gastos de la casa. La fidelidad sexual es requerida absolutamente.


El Corán aboga por medidas destinadas a mejorar la condición de la mujer. El infanticidio de niñas, práctica frecuente entre ciertas tribus, está prohibido; las hijas reciben una parte de la herencia, aunque sólo la mitad de lo asignado a los hijos. También insiste repetidas veces en el tratamiento respetuoso a las mujeres y concede a las esposas el derecho al divorcio en caso de malos tratos. El Corán aprueba la poligamia, permitiendo al hombre tener hasta cuatro esposas, pero también dice que “si temes no poder hacer justicia entre tus esposas, entonces cásate con una sola”. El abuso de la poligamia y del derecho del marido en el islam tradicional a repudiar a la esposa incluso cuando su conducta es intachable ha conducido en los últimos años a la promulgación de leyes encaminadas a evitarlo en casi todos los países musulmanes.


HISTORIA
En tiempos de Mahoma, la península Arábiga estaba habitada por beduinos nómadas dedicados al pastoreo y al bandidaje, y por árabes que vivían del comercio en las ciudades. La religión de los árabes era politeísta e idólatra aunque existía una antigua tradición de monoteísmo, o por lo menos la creencia en una divinidad suprema. Las comunidades judías y cristianas quizá contribuyeron a crear una mayor receptividad hacia las doctrinas monoteístas, aunque ni el judaísmo ni el cristianismo atrajeron a los árabes. A Mahoma lo precedieron algunos predicadores monoteístas aunque con poco éxito.


Mahoma
Mahoma tuvo su primera experiencia profética a los 40 años de edad cuando, según afirmaba, se le apareció el arcángel Gabriel en una visión. Mahoma confió a su familia (perteneciente a la tribu quraysh, que disfrutaba del poder político en La Meca) y amigos íntimos el contenido de ésta y de sucesivas visiones. Después de cuatro años, había convertido a unas 40 personas y luego comenzó a predicar en público en su ciudad natal de La Meca, principal núcleo comercial de Arabia. Ante la hostilidad de esta ciudad, marchó a Medina en el año 622. Este acontecimiento, la Hégira o ‘emigración’ marca el primer año del calendario islámico. En Medina, Mahoma adquirió muy pronto autoridad espiritual y temporal, y llegó a ser reconocido como legislador y profeta. Tras vencer la oposición árabe y judía que había encontrado en Medina, emprendió entonces una guerra contra La Meca. Poco a poco las tribus árabes le declararon su lealtad y La Meca se rindió en el año 630. Cuando murió en el 632, Mahoma era el máximo dirigente de un Estado árabe que incrementaba su poder con una gran rapidez.


Las enseñanzas centrales de Mahoma eran la bondad, omnipotencia y unidad de Dios, y la necesidad de que la generosidad y la justicia rigieran las relaciones humanas. A esta emergente religión se incorporaron importantes elementos del cristianismo y del judaísmo, y otros elementos arraigados en la tradición árabe preislámica: instituciones tan importantes como la peregrinación y el santuario de la Kaaba fueron absorbidas en forma modificada del paganismo árabe. Mahoma, al reformar la tradición árabe preislámica, también la confirmó.


El periodo clásico

Durante los siglos VII y VIII se produjo la expansión territorial del islam y durante esas dos centurias y las dos inmediatamente posteriores se desarrollaron las cuestiones legislativas y teológicas básicas del islam ortodoxo. Aunque no tan esencial como en el cristianismo, en el islam la Teología es casi tan importante como el Derecho. Los debates y las discrepancias teológicas comenzaron muy poco después de la muerte de Mahoma. El primer conflicto importante lo desencadenó el asesinato del tercer califa, Utmán ibn Affan, y su posible sucesión. Se planteó la cuestión de si un musulmán seguía siéndolo después de cometer pecados graves. Un grupo fanático, cuyos miembros fueron llamados jariyíes, sostenía que la comisión de pecados graves, sin el debido arrepentimiento, podía llevar incluso a la exclusión del musulmán (aunque siguiera observando los restantes artículos de fe) de la comunidad islámica. Para ellos, las buenas obras, y no sólo fe, eran esenciales para el islam. Los jariyíes llegaron a considerar impías a casi todas las autoridades políticas musulmanas y, tras numerosas rebeliones, fueron eliminados. Una facción jariyí más moderada, los ibadíes, consiguió sobrevivir y pervive en el norte y este de África, y en algunos países de Oriente Próximo (Siria y Omán).


Los mutazilíes
La traducción de las obras filosóficas griegas al árabe en los siglos VIII y IX contribuyó a la aparición de la primera escuela importante de teología islámica, los mutazilíes, que subrayaban la razón y la lógica rigurosa. La cuestión de la importancia de las buenas obras persistía y los mutazilíes mantenían que una persona que cometiera un pecado grave sin arrepentirse no era un musulmán (muslim) pero tampoco era un no musulmán (kafir), sino que ocupaba un terreno intermedio (fasiq). Sin embargo, pusieron el énfasis en la absoluta unicidad y justicia de Dios. Afirmaban que Dios era pura esencia sin atributos, puesto que los atributos implicarían multiplicidad.


La justicia divina requiere del libre albedrío, ya que si el individuo no fuera libre para elegir entre el bien y el mal, premio y castigo serían absurdos. Dios, al ser perfecto y justo, no puede abstenerse de recompensar el bien y castigar el mal.


Los mutazilíes sostenían que la razón humana sirve para distinguir entre el bien y el mal. La teología de los mutazilíes fue establecida como credo oficial por el califa Al-Mamun, pero hacia el siglo X se produjo una reacción, encabezada por el filósofo Al-Ashari y sus seguidores, los asharíes. Negaban el libre albedrío, considerando este concepto incompatible con el poder absoluto y la voluntad de Dios. Rechazaban asimismo que la razón natural humana pudiera conducir al conocimiento del bien y del mal, pues las verdades morales son establecidas por Dios y sólo se pueden conocer a través de la revelación divina. Los conceptos de Al-Ashari y su escuela fueron imponiéndose con lentitud entre los suníes u ortodoxos, y siguen predominando entre los musulmanes. Sin embargo, la tendencia de los suníes ha sido tolerar y acomodar pequeñas diferencias de opinión y subrayar el consenso de la comunidad en materia de doctrina.


Filosofía medieval
Los mutazilíes fueron quizá los primeros musulmanes que adoptaron los métodos filosóficos griegos para difundir sus ideas. Algunos de sus adversarios utilizaron los mismos métodos y el debate dio paso al movimiento filosófico islámico, basado en gran medida en la traducción al árabe de las obras filosóficas y científicas griegas y en su estudio favorecido por el califa Al-Mamun.


El primer filósofo islámico importante fue Al-Kindi (siglo IX), que intentó integrar los conceptos de la filosofía griega con las verdades reveladas del islam, que consideraba superiores al razonamiento filosófico. Al igual que los posteriores filósofos islámicos de este periodo, estuvo influido ante todo por las obras de Aristóteles y por el neoplatonismo, que sintetizó en un único sistema filosófico. Alfarabí se convirtió en el siglo X en el primer filósofo islámico que subordinó la revelación y la ley religiosa a la filosofía. Sostuvo que la verdad filosófica es idéntica en todo el mundo y que las muchas religiones existentes son expresiones simbólicas de una religión universal ideal.


En el siglo XI, Avicena logró la más sistemática integración del racionalismo griego y del pensamiento islámico, aunque fuera a costa de varios artículos de fe ortodoxos como la creencia en la inmortalidad personal y en la creación del mundo. También sostenía que la religión era filosofía pero con un lenguaje metafórico que la hace aceptable para las masas, incapaces de captar las verdades filosóficas en formulaciones racionales. Estos conceptos provocaron ataques contra Avicena y contra la filosofía en general por parte de los pensadores islámicos más ortodoxos, y sobre todo del teólogo Algazel, cuyo libro La destrucción de los filósofos tuvo mucho que ver con el declive final de la especulación racionalista en la comunidad islámica. Averroes, filósofo y médico hispanoárabe del siglo XII, defendió los conceptos aristotélicos y platónicos contra Algazel y llegó a ser el filósofo islámico más importante de la historia de Occidente gracias a su influencia en la escolástica.


Sufismo
El movimiento místico llamado sufismo tuvo su origen en el siglo VIII, cuando pequeños círculos de musulmanes piadosos, como reacción ante la creciente atracción por los bienes terrenales que mostraba la comunidad islámica, comenzaron a llamar la atención sobre la importancia de la vida interior del espíritu y la purificación moral. Durante el siglo IX el sufismo se desarrolló como doctrina mística, con la comunión directa o incluso una unión de éxtasis con Dios, como su ideal. Esta aspiración a la unión mística con Dios violaba el compromiso islámico ortodoxo con el monoteísmo. Por esta causa fue ejecutado en Bagdad, en el año 922, el sufí Al-Hallaj, acusado de haber manifestado su identidad con Dios. Destacados sufistas intentaron más tarde lograr una síntesis entre el sufismo moderado y la ortodoxia, y en el siglo XI Algazel logró introducirlo en el ámbito de la ortodoxia sunita.


En el siglo XII el sufismo dejó de ser patrimonio de una elite instruida y se transformó en un complejo movimiento popular (“Dios no tiene fin y la palabra del Corán es inagotable”). La insistencia sufí en el conocimiento y en el amor de Dios aumentó el atractivo del islam para las masas e hizo posible su extensión más allá de Oriente Próximo, llegando a África y Asia oriental. La hermandad sufí se multiplicó desde el Atlántico hasta Indonesia; algunas comunidades abarcaron todo mundo islámico y otras fueron regionales o locales. La enorme implantación de estas fraternidades se debió en primer término a la capacidad y a la generosidad de sus fundadores y dirigentes, que no sólo atendían las necesidades espirituales de sus seguidores sino que también ayudaban a los pobres fueran cuales fueran sus creencias y actuaban con asiduidad como intermediarios entre el pueblo y los dirigentes políticos.


Los chiitas
Los chiitas son el único grupo disidente de importancia con respecto a la ortodoxia suní que sobrevive en el islam. Surgieron a consecuencia de una turbulenta disputa familiar sobre la sucesión política de Mahoma a la muerte de Alí. Los chiitas afirmaban que gobernar a la comunidad es un derecho divino de los descendientes del Profeta a través de su hija Fátima y su marido Alí, quien inaugurara el periodo denominado de los “cuatro califas justos” (658-750). Dentro del grupo de los chiitas hay quienes creen en una serie de 12 caudillos religiosos infalibles que arranca con el imán Alí, por lo que a este grupo también se le conoce como duodecimanos. El duodécimo y último imán desapareció en el año 873, y los chiitas esperan que a su regreso el mundo se vea presidido por la justicia; teniendo en cuenta que proclamaban la infalibilidad absoluta de los jefes de la comunidad, éstos debían ejercerla con autoridad. El imán —de carácter semidivino— es, por su propia condición, el único designado por la luz divina “para explicar la ley de Dios”. Hasta ese momento, incluso el mejor gobernante no tendrá la legitimidad absoluta. Además de los duodecimanos, otros grupos chiitas han sido los zaydíes, los ismailíes o los nusayríes.


El islam en el mundo moderno y contemporáneo
El estancamiento de la cultura islámica tras la edad media condujo a una renovada insistencia en el pensamiento original (ijtihad) y a movimientos de reforma religiosa. A diferencia de los principales movimientos doctrinales y filosóficos medievales, las corrientes modernas se preocuparon fundamentalmente de las reformas sociales y morales. El primer movimiento de este tipo fue el wahhabí, llamado así por el nombre de su fundador, Ibn Abd al-Wahhab, que surgió en Arabia en el siglo XVIII para convertirse en una vasta tendencia integrista con ramificaciones en todo el mundo musulmán. El movimiento wahhabí pretendía reactivar el islam purificándolo de sus influencias no islámicas, y en particular de las que habían corrompido su monoteísmo original, subrayando la responsabilidad individual de los musulmanes por encima de la aceptación pasiva de las tradiciones.


Otros reformadores islámicos han estado marcados por las ideas de Occidente. La figura más influyente del siglo XIX fue el egipcio Muhammad Abduh, para quien la razón y el pensamiento moderno occidental confirmarían la doctrina del islam en lugar de socavarla, y esa doctrina islámica podría ser reformulada en términos modernos. Muhammad Iqbal es el más importante filósofo moderno que abordó la reinterpretación de las doctrinas islámicas. Otros intelectuales en Turquía, Egipto y la India trataron de reconciliar las enseñanzas del Corán con las ideas surgidas tras la expansión de la democracia constitucional, la ciencia y la lucha por la emancipación de la mujer. El Corán enseña el principio de “gobierno por consulta” que en tiempos modernos, afirmaban, puede ser mejor realizado por gobiernos representativos que por monarquías. Advirtieron que el Corán favorece el estudio y la explotación de la naturaleza aunque los musulmanes, tras varios siglos de brillante trabajo científico y de haber realizado una importante labor de transmisión a Europa, lo abandonaron después. Sostenían que el Corán había dado a la mujer los mismos derechos aunque éstos hubieran sido usurpados por los hombres, que abusaron de modo ostensible de la poligamia y otros privilegios semejantes.


Aunque las ideas modernas estaban basadas en interpretaciones plausibles del Corán, los fundamentalistas islámicos se opusieron enérgicamente a ellas sobre todo a partir de la década de 1930. La reacción contra el modernismo ha tomado impulso desde esos años por varias razones. Los fundamentalistas no se oponen a la educación moderna, la ciencia y la tecnología per se, pero acusan a los reformadores de ser los vehículos transmisores de la moralidad occidental. Creen que la emancipación de la mujer, tal como se concibe en Occidente, es responsable de la desintegración de la familia y de una moral sexual permisiva en exceso. Algunos fundamentalistas sospechan de la democracia porque no confían en el sentido moral de las masas. Por otra parte, los dirigentes y funcionarios de algunos países musulmanes no han logrado mejorar de un modo significativo la situación económica de la mayoría de la población. En último extremo, y quizá resulte lo más importante, el resentimiento que ciertos grupos musulmanes sienten hacia el colonialismo occidental ha originado que para muchos de ellos todo lo relacionado con las culturas de Occidente sea sinónimo y representación del mal.
Durante la época moderna, el islam ha continuado incorporando nuevos creyentes a sus filas, de forma muy acusada entre los negros africanos y entre algunos grupos negros de Estados Unidos, atraídos por su igualitarismo y su estricto sentido de la solidaridad.


El islam y otras religiones
Convencidos de la verdad absoluta del islam, los musulmanes no han buscado entablar diálogo con representantes de otras confesiones, aunque algunos investigadores islámicos medievales escribieron obras bastante imparciales sobre ellas. Desde la década de 1960, sin embargo, los musulmanes han iniciado un diálogo con representantes del cristianismo y del judaísmo, reconocidos por el islam como las otras dos “religiones del libro” (basadas en la revelación). Pero el recuerdo del colonialismo occidental ha generado desconfianza y frustrado todas las tentativas ecuménicas.

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