viernes, 19 de junio de 2009

LA INVENCIÓN DE LA ESCRITURA



Los primeros códigos de escritura aparecieron entre el V y IV milenio a.C., en Egipto, Mesopotamia y China. Parece que la escritura nació con fines prácticos –llevar las cuentas, registrar el número de objetos que se poesía, etcétera – en las ricas y pobladas ciudades de Mesopotamia, bajo la forma de pictogramas.


La escritura pictográfica (o “escritura pintada”) representa por medio de dibujos los objetos que así lo permiten, por ejemplo, el dibujo de un sol significa la palabra “sol”. Otra variante son los sistemas ideográficos que emplean la combinación de varios pictogramas para representar lo que no se puede dibujar, como las ideas y los verbos de significación abstracta. Así si se combinan los pictogramas chinos sol y árbol representan la palabra del punto cardinal Este.


Los primeros sistemas de escritura son de carácter pictográfico, ideográfico o una combinación de los dos. Entre éstos están la escritura cuneiforme de los babilonios y los asirios, la escritura jeroglífica de los egipcios, los símbolos de la escritura china, japonesa y los pictogramas de los mayas.

Los árboles, los sacos de grano y los instrumentos agrarios representados sobre esta acta de propiedad, pertenecen a alguien cuya mano, a modo de firma, aparece en la parte superior. (Mesopotamia, IV milenio antes de Cristo)


Lo que distingue a tales sistemas de un silabario o de un alfabeto es que en éstos el signo deja de representar un objeto o una idea y pasa a representar un sonido.


En Egipto y Mesopotamia, las primitivas escrituras eran pictográficas, pero luego fueron cambiando y los signos dejaron de ser representación del objeto dibujado o de una idea que a él se vinculara para expresar, en cambio, el sonido de la palabra correspondiente a ese objeto. (Como si, por ejemplo, en castellano para escribir soledad o soldado, empezáramos por representar el símbolo del “sol”).


En Mesopotamia, se ubican diferentes culturas con un rasgo en común: su escritura sobre tablillas de arcilla. En Mesopotamia no había ni piedra ni madera, salvo la de la palmera, que es de mala calidad. En cambio abundaba la arcilla, que proporcionó un material barato para la escritura, de buena duración y manipulación.


Tablilla con escritura cuneiforme y dibujos de los estiletes para escribir sobre la arcilla
La palabra "cuneiforme" procede del latín cuneus que significa cuña o ranura. Se sabe que los sumerios descubrieron la escritura ideográfica y que, con el paso del tiempo y mediante el uso de tablillas de arcilla como material para la escritura y de estiletes de caña como lápices, se fue transformando en la llamada escritura cuneiforme Las primeras tablillas eran pictográficas, y llevan la fecha de 3300 años antes de nuestra era. Hacia el año 2500, aprox., estos signos se habían convertido en signos cuneiformes abstractos y se usaban en toda la extensión del territorio para escribir la lengua sumeria, que usarían también los imperios babilonio y asirio.

Ejemplo de evolución desde el pictograma (una cabeza de buey) hasta el signo cuneiforme correspondiente.


Algo semejante ocurrió en Egipto. La originalidad y complejidad de esta escritura se deben a que esta constituida por tres clases de signos: pictogramas (dibujos estilizados que representan cosas o seres) e ideogramas (combinaciones de de signos que representan ideas); fonogramas (signos que representan sonidos) y finalmente signos determinativos, que permitían saber qué categoría de cosas o seres eran representados.

Jeroglíficos egipcios: Un detalle curioso: el perfil de las figuras nos indican la dirección de la escritura. En este caso, como miran hacia la izquierda quiere decir que el texto debemos leerlo de derecha a izquierda.


Los jeroglíficos y signos cuneiformes representaban sonidos complejos, equivalentes, en el mejor de los casos, a nuestras sílabas. Quedaba pues, un gran progreso a realizar: reducir el número de signos a los estrictamente indispensables para representar los sonidos más simples. El empleo de los signos fonéticos fue el invento creador de la verdadera escritura. Esto fue obra de los fenicios, pueblo comerciante de Oriente, que hacia el año -1000 inventó el primer alfabeto, del que, a través de griegos y romanos, deriva el nuestro. Su comercio marítimo facilitó intercambiar y transmitir cultura por todo el Mediterráneo, desde Chipre hasta España, pasando por Grecia e Italia. Hacia el año 1200 antes de J.C crean el primer alfabeto fonético, compuesto por veintidós signos o letras, todas consonantes. Las vocales no estaban representadas, pero se pronunciaban, por lo que este primer alfabeto es llamado silábico.


Los griegos que lo adoptaron hacia el año 800 a C, añadieron la representación de vocales y regularizaron la escritura de izquierda a derecha. En la primitiva escritura griega se utilizaban solamente letras mayúsculas; posteriormente se introdujeron las minúsculas El alfabeto griego se difundió por todo el mundo mediterráneo y de él surgen otras escrituras como la romana. Como consecuencia de las conquistas del pueblo romano y de la difusión del latín, su alfabeto se convirtió en el básico de todas las lenguas europeas occidentales.


El alfabeto simplificó el aprendizaje de la escritura y permitió a la mayoría de las clases sociales acceder a la cultura, pues supone una gran reducción de signos con respecto a las demás escrituras, ya que la silábica constaba de cerca de 90 símbolos, la cuneiforme de 700 y la china cerca de varios miles de símbolos.

viernes, 5 de junio de 2009

HISTORIA

La historia es la ciencia que tiene como objeto de estudio el pasado de la humanidad y como método el propio de las ciencias sociales. Se denomina también historia al periodo histórico que transcurre desde la aparición de la escritura hasta la actualidad.

Historia

Desde la invención de la Escritura.
Edad Antigua
Antigüedad clásica
Antigüedad tardía
Edad Media
Alta Edad Media
Baja Edad Media
Plena Edad Media

Crisis de la Edad Media

siglo XV

Edad Moderna
siglo XVI
siglo XVII
siglo XVIII

Edad Contemporánea
siglo XIX
siglo XX
siglo XXI

Más allá de las acepciones propias de la ciencia histórica, historia en el lenguaje usual es la narración de cualquier suceso, incluso de sucesos imaginarios y de mentiras. En medicina se utiliza el concepto de historia clínica para el registro de datos sanitarios significativos de un paciente, que se remontan hasta su nacimiento o incluso a su herencia genética.

A su vez, llamamos historia al pasado mismo, e, incluso, puede hablarse de una historia natural en que la humanidad no estaba presente( término clásico ya en desuso, que se utilizaba para referirse no sólo a la geología y la paleontología sino también a muchas otras ciencias naturales; las fronteras entre el campo al que se refiere este término y el de la prehistoria y la arqueología son imprecisas, a través de la paleoantropología).

Ese uso del término historia lo hace equivalente a cambio en el tiempo. En ese sentido se contrapone al concepto de filosofía, equivalente a esencia o permanencia (lo que permite hablar de una filosofía natural en textos clásicos y en la actualidad, sobre todo en medios académicos anglosajones, como equivalente a la física). Para cualquier campo del conocimiento, se puede tener una perspectiva histórica -el cambio- o bien filosófica -su esencia-. De hecho, puede hacerse eso para la historia misma (véase tiempo histórico) y para el tiempo mismo (véase Historia del Tiempo de Stephen Hawking, libro de divulgación sobre cosmología).

EDAD ANTIGUA

Edad antigua, término que corresponde a un periodo cronológico delimitado entre la prehistoria y la edad media, de acuerdo con la interpretación lineal del tiempo y la división cuatripartita de la historia forjada por la visión de Europa como centro cultural de la modernidad.

Dicha división es el resultado de la propia historia europea, y más concretamente del devenir histórico de la Europa occidental. En la formulación del concepto de antigüedad, sus connotaciones originarias derivan de la visión negativa que de la edad media, como época oscura entre dos edades de oro, se tenía durante el renacimiento. Aquella división en un principio se fundamentó en criterios filológicos y se plasmó en el ámbito de la historiografía a partir de la obra del erudito alemán Cristopher Keller, más conocido como Cristophorus Cellarius, titulada Historia antiqua, publicada en 1685. La noción tradicional de antigüedad o de lo antiguo, como asimismo de lo medieval o de lo moderno, sigue conservando un valor referente, aunque fue objeto de una profunda revisión crítica por parte de los historiadores a lo largo del siglo XX, tanto en la determinación de sus límites como en la concepción de sus contenidos.

LOS LÍMITES DEL MUNDO ANTIGUO
Aceptado convencionalmente el concepto de edad antigua, las discusiones sobre sus límites siguen siendo objeto de controversia, aunque desde esa perspectiva eurocéntrica, la determinación de los mismos no se atiene únicamente a la determinación de cesuras, establecidas por acontecimientos políticos significativos, sino a la consideración de los cambios de carácter estructural en aquellas sociedades y la valoración, por tanto, de los procesos de transición. Unos procesos difíciles de determinar en su conjunto por la asincronía y la heterogeneidad de las sociedades del mundo antiguo.

La determinación de los inicios de la historia antigua se ha trazado tradicionalmente por la aparición y consolidación de una serie de fenómenos y procesos tipo, constitutivos de lo que entendemos por antigüedad, tales como la sedentarización y la creación de las ciudades, la aparición de una organización social más compleja (relativamente asimilable al actual concepto de Estado) y el inicio del uso de la escritura. Este último criterio no ha sido considerado sólo como marca del comienzo de la edad antigua desde un plano metodológico, es decir, por la irrupción de las fuentes escritas en el estudio de la historia frente a la exclusividad de las fuentes arqueológicas para el conocimiento de la prehistoria, sino por lo que supone el uso de la escritura en sí misma como instrumento de poder y de organización, como forma de expresión y el modo en que refleja el cambio en la concepción del mundo, vinculados a los procesos anteriormente enunciados.

A partir de estos criterios, los datos arqueológicos disponibles sitúan el inicio de la antigüedad en Oriente Próximo y en Egipto hacia finales del IV milenio a.C., mientras que en Grecia y Roma se situaría a mediados del II milenio a.C. y a mediados del I milenio a.C., respectivamente.

El final de la antigüedad y la transición hacia el medievo viene trazado, del mismo modo, por la transformación y disolución de algunos elementos constitutivos esenciales del mundo antiguo, de forma preferente en el marco del Mediterráneo. Resultan, por tanto, arbitrarias las fechas comúnmente utilizadas para situar sus límites finales; como el Concilio de Nicea del año 325 atendiendo a la emergencia del cristianismo, la presencia de los godos en Occidente desde el 376, la división del Imperio romano en el 395 por Teodosio I el Grande y la diferente dinámica evolutiva de Occidente y de Oriente, o el destronamiento de Rómulo Augústulo en el 476 y la consiguiente desaparición del Imperio de Occidente; sin su adecuada contextualización en los procesos que concurren en esa transición a lo largo de los siglos IV y V d.C.
La crisis del mundo urbano, como expresión de la agonía de un modelo económico basado en la esclavitud, y la merma en su eficacia política y administrativa, la búsqueda de alternativas en el ámbito rural, el debilitamiento de la estructura política en torno al emperador y la fragilidad de la unidad imperial, el avance del cristianismo frente al paganismo como religión predominante o las invasiones de pueblos nómadas procedentes del continente asiático, ilustran la extraordinaria complejidad en la que se diluyó el mundo antiguo y se perfiló para los europeos un nuevo horizonte cronológico.

LOS RASGOS Y LOS ESCENARIOS DE LA ANTIGÜEDAD CLÁSICA
Los aproximadamente treinta y cinco siglos que abarca este amplio periodo histórico se han circunscrito tradicionalmente a una geografía clásica delimitada entre el Mediterráneo y el Oriente Próximo, lo que evidencia el relativismo de este criterio cronológico al extenderlo a otras áreas del globo, como India o China. La historia del denominado “mundo antiguo”, a pesar de esa regionalización, presenta una gran heterogeneidad como consecuencia de su dilatada duración y la gran variedad de pueblos y civilizaciones que asumieron con mayor o menor transcendencia su protagonismo histórico. Por todo ello, aspectos genéricos como la persistencia de un sistema socioeconómico basado en la esclavitud, donde la agricultura y la ganadería, junto con la actividad comercial, conforman los pilares de la estructura económica; la configuración de formas estatales teocráticas; la aparición de las primeras ciudades-estado y la conformación de los primeros estados territoriales, bajo la impronta de “imperios universales”; o el excepcional papel desempeñado por las religiones (tanto de signo politeísta como monoteísta), por sólo citar algunos, presentan una riquísima variedad de matices al descender a cada caso particular. La complejidad para el conocimiento de la antigüedad clásica es mayor, si cabe, en la medida en que estos pueblos y civilizaciones “históricos” se encuentran en continuo contacto con sociedades que consideramos en situación “prehistórica”.

La historiografía tradicional ha polarizado el estudio del mundo antiguo hacia tres escenarios geohistóricos prioritarios: el Oriente antiguo, especialmente las civilizaciones del denominado Creciente Fértil (básicamente la región de Mesopotamia); y la Grecia y la Roma clásicas, sobre cuyos ejes se articulará una verdadera historia unitaria del Mediterráneo antiguo.


El Oriente antiguo
Desde finales del IV milenio a.C., las civilizaciones más desarrolladas aparecieron o se desarrollaron en torno a los grandes ríos del Creciente Fértil, esto es, el Tigris y el Éufrates (la región de Mesopotamia); y el río Nilo; a los que habría que añadir los ríos Kārūn y Karjeh, en el caso de la civilización de Elam.

En Mesopotamia, las primeras ciudades-estado, gobernadas por sistemas políticos teocráticos, y los primeros intentos por crear imperios de vocación universal tuvieron lugar a lo largo del III milenio a.C. por sumerios y acadios. Al auge de las primeras ciudades-estado sumerias seguiría el periodo acadio, que en muchos aspectos continuaría las prácticas políticas de las ciudades sumerias, pero con predominio de la etnia semita, y que bajo el reinado de Sargón I (c. 2335-c. 2279 a.C.) daría lugar a la fundación del primer Imperio que englobó a toda Mesopotamia. Aquellas pretensiones unificadoras, desde la base de la ciudad-estado, persistirían más adelante a finales de dicho milenio con la III Dinastía de Ur; en el II milenio a.C., con el Imperio asirio antiguo, el Imperio paleobabilónico, cuyo cenit se alcanzó durante el reinado de Hammurabi, y el Imperio asirio medio; y en el I milenio a.C., con el Imperio asirio nuevo, el Imperio neobabilónico y el Imperio persa Aqueménida, cuyos confines se extendieron desde Asia Menor hasta el valle del Indo, entre los siglos VI y IV a.C.
La conformación de aquellos vastos estados territoriales, sobre los que se ejerció un intenso control económico y político-militar, fue acompañada de una progresiva complejidad en las estructuras administrativas, cuyos primeros baluartes se encuentran en los primitivos templos de las ciudades-estado sumerias y acadias, hasta alcanzar unas estructuras más sofisticadas, como el eficiente sistema de administración del Imperio persa, a través de las satrapías y un rápido sistema de comunicaciones y un poderoso ejército.

En el otro vértice del Creciente Fértil, el Nilo será el elemento determinante en el desarrollo de la civilización egipcia que desde principios del III milenio a.C. logró crear una entidad estatal que materializó la unión del Alto y el Bajo Nilo. En su desarrollo cronológico, la historiografía suele distinguir tres periodos: el Imperio antiguo (dinastías I a VI), en el III milenio a.C.; el Imperio medio (dinastías VII a XII), entre finales del III milenio y la primera mitad del II; y el Imperio nuevo (dinastías XIII a XX), desde mediados del II milenio hasta el primer cuarto del I milenio a.C. La edificación de los sucesivos imperios se estableció, con lógicas diferencias según los periodos, sobre la base de una fuerte monarquía teocrática, la formación de un potente ejército y una eficaz administración centralizada.

Los confines de Asia Menor y la franja costera dieron lugar al desarrollo de importantes núcleos de civilización, como el Imperio hitita en la primera o los semitas occidentales (arameos, hebreos y fenicios entre otros) en la costa mediterránea, pero generalmente fueron zonas bajo el influjo, cuando no el control directo, de las grandes potencias hegemónicas de la época.


La Grecia antigua
A diferencia de las grandes civilizaciones orientales, de carácter esencialmente continental, terrestre y agrícola, la civilización griega fue básicamente marítima, comercial y expansiva. Una realidad histórica en la que el componente geográfico desempeñó un papel crucial en la medida en que las características físicas del sur de la península de los Balcanes, por su accidentado relieve, dificultaban la actividad agrícola y las comunicaciones internas, y por su dilatada longitud de costas, favorecían su extraversión hacia ultramar. Un fenómeno sobre el que incidirían también de forma sustancial la presión demográfica originada por las sucesivas oleadas de pueblos (entre ellos aqueos, jonios y dorios) a lo largo del III y II milenios a.C.

Tras las civilizaciones minoica y micénica, en los siglos oscuros (entre el XIII y el XII a.C.) la fragmentación existente en la Hélade constituirá el marco en el que se desarrollarán pequeños núcleos políticos organizados en ciudades, las polis. A lo largo del periodo arcaico (siglos VIII al V a.C.) y del clásico (siglo V a.C.), las polis fueron la verdadera unidad política, con sus instituciones, costumbres y leyes, y se constituyeron en el elemento identificador de una época.

En el periodo arcaico ya se perfiló el protagonismo de dos ciudades, Esparta y Atenas, con modelos de organización política extremos entre el régimen aristocrático y la democracia. La actividad de las polis en ultramar fue un elemento importante de su propia existencia y dio lugar a luchas hegemónicas entre ellas y al desarrollo de un proceso de expansión colonial por la cuenca mediterránea. La decadencia de las polis favoreció su absorción por el reino de Macedonia a mediados del siglo IV a.C. y el inicio de un periodo con unas connotaciones nuevas, el helenístico, durante el cual la unificación de Grecia daría paso con Alejandro Magno a la construcción de un Imperio, que sometió a los imperios persa y egipcio. En opinión de algunos especialistas, en esta fase la historia de Grecia volvía a formar parte de la historia de Oriente y se consumaría la síntesis entre el helenismo y el orientalismo.

El mundo romano
La civilización romana, basada también en el desarrollo del mundo urbano, evolucionará desde una ciudad-estado hacia la conformación de un extenso Estado territorial cuyo eje será el Mediterráneo, contribuyendo a su unitarismo histórico y a su uniformidad cultural.

En sus orígenes, a mediados del siglo VIII a.C., Roma se configuró políticamente como monarquía y se produjo una paulatina diferenciación entre patricios y plebeyos. Estas constantes se mantuvieron bajo el dominio etrusco, pero el debilitamiento de éste y la eliminación de la figura del rey por los propios patricios a finales del siglo VI, inauguraría el periodo de la República. Un periodo caracterizado por la lucha entre patricios y plebeyos que culminó con el reconocimiento de la igualdad de derechos a estos últimos. El sistema político canalizó la distribución del poder a través de tres instituciones: las asambleas populares, los magistrados y el Senado.

La consolidación del poder de Roma se concretó en un proceso de expansión territorial que tuvo como escenarios la península Itálica a lo largo de los siglos VI y V a.C., el Mediterráneo occidental tras las Guerras Púnicas a lo largo de los siglos III y II a.C., y el Mediterráneo oriental entre los siglos II y I a.C. Las transformaciones de Roma culminaron en la crisis del sistema republicano, la creación del principado de Augusto y el consiguiente Imperio romano. Los límites de éste se acrecentarían durante sus dos primeros siglos de existencia, para entrar en un proceso de declive desde el siglo III d.C., en el que confluyeron multitud de factores (políticos, socioeconómicos, religiosos y migratorios, entre otros), cuyas consecuencias comenzarían a anticipar muchos de los elementos determinantes de la edad media en Europa.

HEBREOS




Ubicación Geográfica:
Los hebreos, pueblo de nómades semitas, aparecieron en el Asia Anterior alrededor del siglo XIII a.C. Estos se asentaron en la zona de Palestina, al sur de Fenicia. Esta zona esta delimitada al oeste, por el mar Mediterráneo; al este, por el río Jordán y el Mar Muerto; al norte, por las montañas del Líbano y al sur, por la península del Sinaí. Es un territorio menos fértil que Egipto y Mesopotamia, pero presenta llanuras aptas para el pastoreo y el cultivo, por lo que será codiciado por los vecinos del desierto. Esta región se llamo primitivamente el país de Canaan debido a que sus primitivos pobladores fueron los cananeos. Cerca del 1500 a.C. llegaron tribus de origen ario, los filisteos , y denominaron a la zona Philistina , nombre del cual deriva la palabra Palestina. Posteriormente se asentaron los hebreos, singular pueblo, que no formo un poderoso Estado o un Imperio, pero que sorteando avatares mantuvo su vigencia hasta la actualidad.


Sociedad:

La sociedad israelita estaba íntimamente relacionada con su religión. El núcleo de la sociedad hebrea es la familia. Esta es patriarcal. El padre es la máxima autoridad. Existían también los esclavos; que se obtenían por compra o por ser prisioneros de guerra; no se los trataba con crueldad. En los tiempos de nómades, los hebreos vivían en tiendas con pocos muebles. Esta forma de vida les facilitaba su traslado en búsqueda de pasturas para sus rebaños. Luego de asentarse en Palestina, habitaron en casas de piedra, rodeados de hurtos, conformando poblados.
Establecimiento en Palestina.




Los jueces


En el siglo XII a.C. los hebreos tuvieron algunos enfrentamientos con los cananeos. Al establecerse en Palestina tomaron las costumbres sedentarias y agrícolas. En cuanto a la organización política continuaron divididos en doce tribus, sin confirmar un solo estado. Su vinculo primordial era el religioso. Cuando eran atacados por enemigos (momentos difíciles) las tribus aceptaban eventualmente a un único jefe, llamado juez, que era, generalmente, un caudillo. Este unía a varias tribus bajo su autoridad. Entre ellos se destacaron Gedeon, Sanson y Samuel.


Creación del Estado hebreo:

Los reyes: Afines del siglo XI a.C., estas unidades temporales se transformaron en una unidad permanente con la creación del reino de Israel. Estos organizaron un solo Estado: nació la monarquía. En el plano internacional era una época de florecimientos de pequeños reinos independientes. Los grandes Imperios Antiguos habían decaído y todavía no había surgido el terrible poder asirio. Era un buen momento para unirse y derrotar a los filisteos con los que disputaban la zona. El primer rey, Saul, venció a los filisteos y floreció al Estado, su gobierno era acompañado por un Consejo de Ancianos. Su sucesor, David, ataco la ciudad de Cananea de Sión y se apropio de ella llamándola Jerusalén. Posteriormente sometió a los filisteos y extendió los demonios de Israel, desde al Eufrates hasta el Mar Rojo. Los hebreos consideraron esta época como la mas feliz. Su hijo, Salomón, Alcanzo la fama por darle importancia a la justicia y por intensificar el comercio. Organizo también, una flota para comerciar por el Mar Rojo. Parte de las riquezas se aplico a la construcción del palacio y del templo de Yavhe en Jerusalén.

El cisma. Los dos reinos:

La muerte de Salomón desencadeno una rivalidad entre las doce tribus que termino en la división del reino en dos estados diferentes: a) las diez tribus del norte formaron el Reino de Israel, mas vasto y fuerte, con su capital en Samaria. b)Las dos tribus del sur formaron el Reino de Juda, con la capital en Jerusalén. Como consecuencia de esta división hubo una decadencia económica y religiosa. Económica porque ya no tuvieron el monopolio de las rutas de religión; y religiosa porque comenzaron a adorar el reino del norte y asimilaron otras costumbres religiosas como los cananeos. Como reacción ante esto, comenzaron a surgir los profetas, en defensa de la doctrina de Jehová.



El exilio. La perdida de la independencia política:
La división y las luchas internas provocaron debilidad en los dos reinos. Esto favoreció a los pueblos vecinos que, primero los asirios y después los caldees, los invadieron, conquistaron y esclavizaron. El retorno a Palestina. La comunidad religiosa: Cuando Ciro el grande destruyo el imperio Neobabilonico, permitió a los hebreos a retornar a Palestina y los persas les permitieron reorganizarse como comunidad religiosa de acuerdo con su política. Pero pese a esto, no todos regresaron ya que temían ser esclavizados y se dispersaron por todo el mundo. Sin embargo, quedaron unidos por su lengua, su religión y sus costumbres.



La diáspora:
Los romanos destruyeron Jerusalén y expulsaron a los israelitas. Estos se desgregaron por el Mediterráneo y comenzó así la diáspora; la dispersión de judíos por el mundo. La historia de los hebreos en Palestina había terminado. Pero la comunidad hebrea sobrevivirá manteniendo intactas sus creencias y costumbres, gracias a su fe y a la alianza con su dios Yavhe.


Economía y actividades:

Los hebreos , establecidos en Palestina, se dedicaron a la agricultura y la ganadería. El cultivo característico era el olivo y la vid, también obtuvieron legumbres y lentejas. El pastoreo de ovejas, bueyes, cobras, caballos y camellos acompañaba la actividad agrícola. También trabajaron cerámica y confeccionaron numerosos tejidos de lana y lino. Lomas importante de su actividad económica fue el comercio. Esto se debía a que su lugar de asentamiento, Palestina, era una tierra puente, es decir, un lugar de transito de mercaderes entre Mesopotamia y Egipto: exportaban aceite y vino e importaban metales (cobre de Chipre, hierro de Australia, oro de Arabia ), marfil y espacias.



Religión:
La religión domino todos los aspectos de la cultura hebrea. La prohibición de representar la divinidad estimulo la literatura y el resultado fue la BIBLIA. También denominada Sagradas Escrituras. El ANTIGUO TESTAMENTO está escritos por los hebreos. Habla de las costumbres y pensamientos morales de los israelitas. Luego los cristianos agregaron el NUEVO TESTAMENTO con la llegada de Cristo y los orígenes del cristianismo. La primera gran diferencia de la religión del pueblo hebreo con los demás del Cercano Oriente es que cree en un solo Dios. Este es justo y bueno y exige a su pueblo el cumplimiento de una moralidad. No tiene forma humana, esto significa que no puede ser representado. El hombre es inferior a El, pues Dios lo hizo a su imagen, inmortal, pero como ha pecado debe ser castigado.


Otra diferencia es que Dios actúa con los hombres y no fuera del mundo de los hombres. Esto no significa que no volvieran a caer periódicamente en el politeísmo. Esta caída se producía varias veces hasta que alguien (como los predicadores) los esperanzaban nuevamente.

Arte
:
La mayoría de las obras literarias fueron compiladas y organizadas durante el período de apogeo de la monarquía y por obra del rey- poeta David. Merecen especial mención los salmos, los proverbios, los cantos nupciales del cantor de los cantares, las Crónicas, el Génesis, el Éxodo, los Jueces, los Reyes y otros libros denominados Sapiensiales, como el Eclesiastés.

Valoraron la música y la emplearon en las ceremonias religiosas. El sofar fue un instrumento típico hebreo, cuerno de macho cabrío utilizado para convocar a las ceremonias rituales. También utilizaron cítaras, sistros panderos (adufes) y flautes, por mencionar los más popularizados. No había pinturas ni esculturas por temor a que cayeran en la idolatría. Fue destacada la arquitectura, dentro de ella los palacios y las viviendas de los nobles. Legado cultural hebreo:


Aportes a la historia de las religiones:
a) Primera gran fe monoteísta.
b) Origen de las tres grandes religiones actuales: judaísmo, cristianismo e islamismo.
c) Antiguo Testamento.

Babilonia


Babilonia (del acadio Bāb-ilim o Babilu, ‘puerta de Dios’), una de las ciudades más importantes de la antigüedad, cuya localización está hoy en día marcada por una amplia zona de ruinas al este del río Éufrates, a 90 km al sur de Bagdad, en Irak. Babilonia fue la capital del Imperio babilónico durante los milenios II y I a.C. En la antigüedad, la ciudad se beneficiaba de su posición en la importante ruta comercial por vía terrestre que conectaba el golfo Pérsico y el Mediterráneo.


PRIMERA ÉPOCA
Aunque el emplazamiento estuvo ya ocupado durante la prehistoria, Babilonia se menciona por primera vez en documentos de finales del III milenio a.C. Hacia el 2200 a.C. se conoce como emplazamiento de un templo, y durante el siglo XXI a.C. estuvo sometida a la cercana ciudad de Ur. Babilonia se hizo una ciudad-estado independiente hacia el 1894 a.C., cuando el amorreo Sumu-Abum fundó allí una dinastía. Esta dinastía alcanzó su apogeo con Hammurabi. En el 1595 a.C. la ciudad fue capturada por los hititas, y poco después por los casitas (hacia 1590-1155 a.C.). Los casitas transformaron la ciudad-estado de Babilonia en la capital de Babilonia, región al sur de Mesopotamia. La ciudad era el centro administrativo de un gran reino. Después, probablemente en el siglo XII a.C., se convirtió también en centro religioso del reino, cuando su dios principal, Marduk, fue situado a la cabeza del panteón mesopotámico.


En el 1158, la dinastía casita cayó en manos de los elamitas del este, y Babilonia fue regida por distintas y breves dinastías hasta finales del siglo VIII a.C. cuando cayó bajo la influencia de Asiria. Senaquerib, desesperado por controlar las tribus locales, destruyó la ciudad en el 689 a.C.; su sucesor, Asaradón (que reinó entre el 681 y el 669 a.C.), la reconstruyó. En el 625 a.C., los caldeos, dirigidos por Nabopolasar, tomaron la ciudad.


LA CIUDAD NEOBABILONIA Y SU DECADENCIA
Nabopolasar fundó la dinastía neobabilonia, y su hijo Nabucodonosor II extendió el reino hasta Palestina y Siria. La capital de Babilonia fue renovada con los nuevos edificios del templo y del palacio, grandes murallas y puertas de fortificación y caminos procesionales pavimentados; fue la mayor ciudad del mundo conocido, abarcando más de 1.000 hectáreas.
El Imperio neobabilonio duró poco tiempo. En el 539 a.C., Ciro II el Grande capturó Babilonia y la incorporó al recién fundado Imperio persa. Con los persas, Babilonia funcionó durante un corto periodo como residencia oficial del príncipe de la corona, hasta que una revuelta local en el 482 llevó a Jerjes I a arrasar los templos y el zigurat, o torre del templo, y a derribar la estatua del dios patrono Marduk.


Alejandro Magno capturó la ciudad en el 330 a.C. y proyectó reconstruirla como capital de su gran imperio, pero murió antes de poder llevar a cabo sus planes. Después del 312 a.C., Babilonia fue utilizada temporalmente como capital de los Seléucidas, que se establecieron como sucesores de Alejandro. Cuando la nueva capital, Seleucia del Tigris, se fundó en el 311 a.C., la mayor parte de la población de Babilonia se trasladó allí. Durante cierto tiempo los templos siguieron utilizándose, pero la ciudad perdió su importancia y prácticamente había desaparecido antes del surgimiento del islam durante el siglo VII d.C.


La topografía de Babilonia se conoce mejor a partir de los niveles de ocupación de la dinastía neobabilonia, excavados por Robert Koldewey y otros arqueólogos alemanes antes de la I Guerra Mundial. En aquellas fechas, el Éufrates dividía la ciudad en dos partes desiguales: el barrio antiguo, con la mayoría de los palacios y templos en la orilla este, y la Ciudad Nueva en la orilla oeste. Cerca del centro de la ciudad, en lugar prominente, se encontraba el Esagil, templo de Marduk; al norte estaba la torre-templo de Etemenanki (el zigurat), edificio de siete plantas, popularmente relacionado con la Torre de Babel. En la esquina noroeste de la ciudad antigua se encontró un entramado de palacios y fortificaciones; los excavadores alemanes identificaron unas ruinas de esta zona con los cimientos de los jardines colgantes, una de las siete maravillas del mundo que Nabucodonosor II construyó para su esposa meda. Cerca estaba la Puerta de Istar, decorada con toros y dragones en ladrillo esmaltado. El principal camino procesional pasaba a través de esta puerta; era la ruta seguida por los líderes religiosos y políticos durante las ceremonias del festival del Año Nuevo. Otras nueve puertas importantes atravesaban las grandes murallas de fortificación interna de la ciudad, a partir de las cuáles surgían los caminos hacia los principales asentamientos de Babilonia.

FENICIOS


Antiguo Pueblo que ocupaba una estrecha franja de territorio en la costa este del mar Mediterráneo, y que actualmente forma una gran parte de Líbano. El territorio, de aproximadamente 320 km de longitud y entre 8 y 25 km de ancho, estaba limitado al este por la cordillera del Líbano, su frontera sur era el monte Carmelo; la frontera norte probablemente el río Eléutero, actualmente denominado Kabir, que limita el sur del Líbano.


ORÍGENES ANTIGUOS
Aunque sus habitantes tuvieron una civilización homogénea y se consideraban una única nación, Fenicia no fue un estado unificado sino un grupo de ciudades-reino, una de las cuales normalmente dominaba a las demás. Las ciudades más importantes eran Simyra, Sarepta (Sarafand), Biblos, Gabala, Arados (Ruad), Akko (Acre), Sidón (Sayda), Tripolis (Trípoli), Tiro (Sur) y Berito (Beirut). Tiro y Sidón se alternaron como emplazamientos del poder gobernante.
Los fenicios, llamados sidonios en el Antiguo Testamento y fenicios por el poeta griego Homero (debido al color púrpura, producción habitual de Fenicia, que en griego se escribe phoinikes), eran un pueblo de lengua semítica, relacionados con los cananeos de la antigua Palestina. La investigación histórica indica que fundaron sus primeros asentamientos en la costa mediterránea hacia el 2500 a.C. Al comienzo de su historia, se desarrollaron bajo la influencia de las culturas sumeria y acadia de la cercana Babilonia. Hacia el 1800 a.C. Egipto, que comenzaba entonces a formar un imperio en Oriente Próximo, invadió y controló Fenicia, conservándola hasta cerca del 1400 a.C. Las incursiones de los hititas contra Egipto ofrecieron a las ciudades fenicias la oportunidad de rebelarse, y hacia el 1100 a.C. se independizaron de Egipto.


NACIÓN DE COMERCIANTES
Con un gobierno propio, los fenicios se convirtieron en los mejores comerciantes y marineros del mundo clásico. Las flotas de las ciudades costeras viajaron por el Mediterráneo llegando hasta el océano Atlántico; otras naciones competían por emplear barcos y tripulaciones fenicias en sus flotas. Las ciudades-reino fundaron muchas colonias comerciales: principalmente Útica y Cartago, en el norte de África; en las islas de Rodas y Chipre, en el mar Mediterráneo; y Málaga (Malaka), Adra (Abdera), Almuñécar (Sexi) y Cádiz (Gadir) en el sur de la península Ibérica, o Ibiza (Ebussus) en las islas Baleares. Durante el siglo VIII a.C. las ciudades fenicias fueron conquistadas por Asiria. Cuando cayó Asiria a finales del siglo VII a.C., Fenicia, exceptuando Tiro, que continuó manteniendo su independencia hasta cerca del 538 a.C., fue incorporada al Imperio caldeo de Nabucodonosor II y, en el 539 a.C., formó parte del Imperio persa. Bajo dominio persa Sidón fue la ciudad principal de Fenicia. Desde el siglo VI a.C. Cartago impuso su dominación a las ciudades fenicias fundadas en Occidente.


Cuando Alejandro Magno invadió Asia Menor y derrotó a Persia en el 333 a.C., Sidón, Arados y Biblos capitularon ante su Ejército. Sin embargo, Tiro rechazó someterse y Alejandro sitió la ciudad durante siete meses antes de caer en el 332 a.C. Tras esta derrota, los fenicios perdieron gradualmente su identidad diferenciadora hasta que fueron absorbidos por el reino de los Seléucidas. Las ciudades fueron poco a poco helenizadas y, en el 64 d.C., incluso desapareció el nombre de Fenicia, cuando el territorio se convirtió en parte de la provincia romana de Siria.


CONTRIBUCIONES
La contribución fenicia más importante a la civilización fue el alfabeto. Se les atribuye la invención del tinte de púrpura, llamado púrpura de Tiro, y del cristal. Sus industrias, principalmente la fabricación de textiles y tintes, la metalúrgica y la fabricación de cristal, fueron conocidas en el mundo clásico. Las ciudades fenicias fueron famosas por su religión panteísta. Cada ciudad tenía su deidad especial, normalmente conocida como Baal, o señor, y en todas las ciudades el templo era el centro de la vida cívica. La deidad fenicia más importante era Astarté.

GRECIA


Los restos arqueológicos indican que algunos primitivos pueblos del Mediterráneo, estrechamente ligados a las culturas del norte de África, habitaron las regiones meridionales del Egeo hasta bien entrado el periodo neolítico, antes del 4000 a.C. Estas pruebas muestran la evolución cultural desde la edad de piedra hasta la edad del bronce, que en Grecia empezó en el 3000 a.C. A principios del III milenio a.C., la denominada civilización del Egeo evolucionó hasta niveles extremadamente altos. La civilización de la edad del bronce en el Egeo se dividía en dos culturas, cada una de ellas con sus propias etapas y subdivisiones cronológicas. Una, la civilización de Creta o minoica, ubicada en el centro de la isla de Creta, a sólo 660 km al noroeste de Egipto y directamente relacionada con las rutas marinas hacia los antiguos países del Oriente Próximo. La otra civilización, la Heládica (micénica, en su periodo más reciente), florecía al mismo tiempo en la porción continental de Grecia, concretamente en el Peloponeso. Sus grandes centros estaban en Micenas, Tirinto (cerca del actual Návplion) y Pilos. La cultura y el comercio cretense dominaron el Mediterráneo hasta después del año 1500 a.C., cuando Micenas tomó el relevo.


A finales del III milenio a.C. comenzaron una serie de invasiones de tribus del norte que hablaban una lengua indoeuropea. Existen pruebas de que estos pueblos del norte vivieron en la cuenca del río Danubio, al sureste de Europa. De los primeros pueblos invasores, los más destacados, los aqueos, se habían visto con toda probabilidad obligados a emigrar presionados a su vez por otros invasores. Los aqueos invadieron el sur de Grecia y se establecieron en el Peloponeso. Según algunos especialistas, un segundo pueblo, los jonios, se asentó principalmente en Ática, la zona central del este de Grecia y en las islas Cícladas, donde asimilaron la cultura de los pueblos heládicos. Los eolios, un tercer pueblo de características poco definidas, se asentaron en principio en Tesalia.


Grecia antigua
En el último periodo de la edad del bronce en Grecia (1500-1200 a.C.), el continente fue absorbiendo paulatinamente la civilización cretense. Hacia el 1400 a.C., los aqueos conquistaron y controlaron las islas y poco después también dominaron el continente, en especial la región de Micenas. Debido a las exhaustivas investigaciones de sus ruinas, la ciudad da su nombre a los antecesores aqueos, aunque también destacaron en importancia otras ciudades-estado. La guerra de Troya, descrita por Homero en la Iliada, comenzó alrededor del 1200 a.C. y probablemente fue uno de los conflictos bélicos que tuvieron lugar entre los siglos XIII y XII a.C. Puede que tuviera relación con la última y más importante invasión del norte, que ocurrió en aquel tiempo e introdujo la edad del hierro en Grecia. Los dorios abandonaron las montañas del Epiro y descendieron al Peloponeso y a Creta, utilizando armas de hierro para conquistar y expulsar a los anteriores habitantes de estas regiones. Los dorios derrocaron a los monarcas aqueos y se asentaron sobre todo en las regiones meridionales y orientales de la península. Esparta y Corinto se transformaron en las principales ciudades dóricas. Muchos aqueos buscaron refugio al norte del Peloponeso, zona que más tarde se llamó Aquea. Otros resistieron duramente a los dorios, y tras ser sometidos, fueron reducidos a servidumbre y denominados ‘ilotas’. Los que lograron huir se refugiaron en el Peloponeso, se reunieron con sus parientes en Ática y en la isla de Eubea, pero después emigraron al igual que los eolios a las costas de Asia Menor. En los siglos posteriores al 1200 a.C. la progresiva colonización de las costas de Asia Menor, primero por los refugiados procedentes de zonas ocupadas por los dorios y más tarde por los mismos dorios, convirtieron la región en parte política y cultural de Grecia. Por cada una de las tres divisiones étnicas griegas se creó una gran confederación. La parte norte de la costa de Asia Menor y la isla de Lesbos formaban la Confederación Eólica. La Confederación Jónica ocupaba el distrito medio, llamado Jonia, y las islas de Quíos y Samos. Al sur de las islas de Rodas y Cos se estableció una Confederación Dórica. Varios siglos después (750-550 a.C.), el rápido aumento de la población, la escasez de alimentos, el florecimiento de la artesanía y el comercio y otros factores conllevaron una nueva oleada colonizadora. Se fundaron colonias en lugares tan lejanos como la costa oriental del mar Negro y Massilia (actual Marsella, Francia), y tuvieron lugar asentamientos en Sicilia y la parte meridional de la península Itálica. Esta última tenía tal densidad de población griega que se la conocía como la Magna Graecia.


Periodo helénico
Una vez finalizadas las grandes migraciones al Egeo, los griegos desarrollaron una orgullosa conciencia racial. Se llamaban a sí mismos ‘helenos’, nombre derivado, según Homero, de una pequeña tribu del sur de Tesalia. El término griegos, empleado por posteriores pueblos extranjeros, provenía nominalmente de Grecia, nombre en latín de una pequeña tribu helénica del Epiro con la que los romanos tuvieron contactos. Al margen de la mitología, que era la base de una compleja religión, los helenos desarrollaron una genealogía que remontaba sus orígenes a héroes con carácter semidivino.


A pesar de que los pequeños estados helénicos mantenían su autonomía, seguían un desarrollo similar en su evolución política. En el periodo pre-helénico los jefes de las tribus invasoras se proclamaron monarcas de los territorios conquistados. Entre el 800 y el 650 a.C. estas monarquías se fueron sustituyendo por oligarquías de aristócratas, ya que las familias nobles compraban las tierras y éstas eran la base de todo su poder y riqueza. Cerca del año 650 a.C., muchas de estas oligarquías helénicas fueron sustituidas por plebeyos enriquecidos o aristócratas desafectos, llamados tiranos. La aparición de las tiranías se debió sobre todo a un factor económico. El descontento popular surgido frente a las aristocracias se había convertido en un importante factor político a causa del aumento de la esclavitud de los campesinos sin tierras; la colonización y comercio en los siglos VIII y VII a.C. aceleró el desarrollo de una próspera clase de comerciantes, que supieron aprovecharse del gran descontento para reclamar el reparto del poder con los aristócratas de las ciudades-estado.


Las tiranías
La era de los tiranos griegos (650-500 a.C.) destaca por los avances logrados en la civilización helénica. El título de tirano implicaba el acceso ilegal al poder, no el abuso del mismo. En general, tiranos como Periandro de Corinto, Gelón de Siracusa y Polícrates de Samos (reinó entre 535 a.C.-522 a.C.) fueron gobernantes sabios y populares. El comercio y la artesanía prosperaron. Con el nacimiento de la fuerza política y económica llegó el florecimiento de la cultura helénica, de un modo especial en Jonia, donde empezaba a surgir la filosofía griega con Tales de Mileto, Anaximandro y Anaxímenes. El desarrollo de objetivos culturales comunes a todas las ciudades helénicas fue uno de los factores que dieron cierta cohesión a la antigua Grecia a pesar de la división política existente. En este sentido contribuyó la lengua griega, cuyos muchos dialectos se entendían en cualquier parte del país o en cualquier colonia. El tercer aspecto a tener en cuenta fue la religión griega que todos los helenos compartían: el santuario de Delfos fue el mayor y más respetado. En torno a la religión, los griegos también tenían cuatro festivales nacionales, llamados juegos (los olímpicos, los ístmicos, los pitios y nemeos). Los Juegos Olímpicos eran tan importantes que muchos griegos remontan sus cálculos históricos a la Primera Olimpiada (el periodo de cuatro años entre la celebración de los Juegos Olímpicos) celebrada en el año 776 a.C. Relacionada con la religión, en origen al menos, estaba la Liga de Anfictionía, organización de tribus helenas que se creó para la protección y administración de los santuarios.


De la democracia a la monarquía
Las ciudades-estado se unificaron en cierta medida. Entre los siglos VIII y VI a.C., Atenas y Esparta se habían convertido en las dos ciudades hegemónicas de Grecia. Cada uno de estos grandes estados absorbió a sus débiles vecinos en una liga o confederación dirigida bajo su control. Esparta, estado militarizado y aristocrático, estableció su poder a base de conquistas y gobernó sus estados súbditos con un control muy estricto. La unificación del Ática, por el contrario, se realizó de forma pacífica y de mutuo acuerdo bajo la dirección de Atenas; se otorgó la ciudadanía ateniense a los habitantes de las pequeñas ciudades. Los nobles, o eupátridas, abolieron en el 638 a.C. la monarquía hereditaria y gobernaron Atenas hasta mediados del siglo VI a.C. Los eupátridas retuvieron autoridad plena gracias a su poder supremo para disponer de la justicia, a menudo de forma arbitraria. En el 621 a.C. el político Dracón (finales del siglo VII a.C.) codificó la ley ateniense, por la que el poder judicial de los nobles quedaba limitado. Un segundo revés para el poder hereditario de los eupátridas fue el código del político y legislador ateniense Solón de 594 a.C., que no era sino una reforma del código draconiano y que otorgaba la ciudadanía a las clases bajas. Durante el brillante y prudente mando del tirano Pisístrato, las formas de gobierno empezaron a adoptar elementos democráticos. Hipias e Hiparco, hijos de Pisístrato, heredaron el poder de su padre pero fueron más déspotas. Hipias, que murió después que su hermano, fue expulsado por una insurrección popular en el 510 a.C. Durante el consiguiente conflicto político, los partidarios de la democracia obtuvieron, bajo el mando del político Clístenes de Sición, la victoria total y, alrededor del 502 a.C., comenzaba una nueva etapa política, basada en principios democráticos. El comienzo del gobierno democrático supuso el más brillante periodo de la historia de Atenas. Florecieron el comercio y la agricultura. Más aún, el centro de las artes y la cultura intelectual, que entonces estaba en las ciudades de la costa de Asia Menor, pronto se trasladó a Atenas.


Dominación romana
En el 215 a.C. Roma empezó a interferir en los asuntos de Grecia. Filipo V de Macedonia se alió con Cartago contra Roma, pero los romanos, con el apoyo de la Liga Etolia, vencieron a las fuerzas macedonias en el 206 a.C., y consiguieron importantes posiciones en Grecia. Roma, apoyada por ambas ligas, derrotó nuevamente a Filipo V en el 197 a.C. en la batalla de Cinoscéfalos, y Macedonia, totalmente sometida, aceptó pactar la paz con Roma y reconocer la independencia de los estados griegos, los cuales, sin embargo, sólo cambiaron un dominador por otro. En un último intento desesperado por liberarse, los miembros de la Liga Aquea resistieron a las demandas de Roma en el 149 a.C. Hubo una nueva guerra que terminó con la destrucción de Corinto a manos de las legiones romanas en el 146 a.C. Las Ligas Etolia y Aquea fueron disueltas y Grecia fue anexionada en su totalidad por Roma, que creó la provincia romana de Macedonia, cuyo procónsul extendía su autoridad al resto de Grecia. Sólo Atenas, Esparta y Delfos escaparon a esta situación, convirtiéndose en ciudades federadas.


Grecia romana
Durante los sesenta años posteriores al 146 a.C., Roma administró Grecia. En el 88 a.C., cuando Mitrídates VI Eupátor, rey del Ponto, empezó su campaña para conquistar los territorios controlados por los romanos, se encontró con que muchas ciudades griegas apoyaban a un monarca asiático que les había prometido ayudarles a recuperar su independencia. Las legiones romanas, bajo el mando de Lucio Cornelio Sila expulsaron a Mitrídates de Grecia y sofocaron la rebelión saqueando Atenas, en el 86 a.C., y Tebas un año después. Roma castigó duramente a las ciudades rebeldes y las campañas realizadas en suelo griego dejaron el centro de Grecia en ruinas. Atenas seguía siendo foco intelectual y de la filosofía, pero su comercio prácticamente desapareció. En el 22 a.C., el primer emperador romano, Augusto, separó Grecia de Macedonia e hizo de la primera la provincia de Aquea.


Recuperación griega

El renacimiento griego tuvo lugar bajo el Imperio romano, durante los primeros siglos de la era cristiana y en especial durante el reinado del emperador Publio Elio Adriano. Junto a su contemporáneo, el cónsul Tiberio Claudio Herodes Ático, Adriano embelleció Atenas y restauró muchas de las ciudades en ruinas. Pero a mediados del siglo III d.C., los pueblos germánicos pudieron comprobar este renacimiento y en 267-268 invadieron la península, conquistaron Atenas y destruyeron las ciudades de Argos, Corinto y Esparta.


A partir del 395, el Imperio romano quedó dividido en el Imperio romano de Occidente y el Imperio romano de Oriente o bizantino, que comprendía toda Grecia y la región del Egeo y se caracterizaba por el sincretismo de la cultura helénica, influencias orientales del Oriente Próximo y cristianismo. Grecia se transformó en una provincia abandonada y oscura. Desde el siglo VI hasta el VIII, sucesivas invasiones de visigodos, ostrogodos, hunos, eslavos y ávaros procedentes del norte ocuparon la península, en especial Iliria y Tracia.


Ducado de Atenas
En el siglo XIII, la cuarta Cruzada interrumpió el progreso del Imperio bizantino. Constantinopla (hoy Estambul) cayó en manos de los cruzados en el año 1204, y sus conquistadores, tras saquear la capital, establecieron el Imperio Latino. Dividieron la península de Grecia en principados territoriales feudales, entre los que destacaban el ducado de Atenas. El Imperio Latino cayó en 1261 con la reconquista de Constantinopla por el emperador bizantino Miguel VIII Paleólogo. Durante los siguientes dos siglos, el ducado de Atenas estuvo controlado sucesivamente por franceses, españoles e italianos. El tribunal de Atenas era uno de los más brillantes de la Europa del siglo XIV.